Los 15 alumnos del curso de jardinería con rehabilitación que imparte la asociación para la integración de las personas con enfermedad mental de Don Benito (Proines) han logrado cultivar un boniato fuera de lo común, con 8 kilos de peso. Este tubérculo salió de la tierra el pasado lunes tras 5 meses de «cariños y mucha música», que es el secreto de la proeza según indican los padres de esta patata dulce. «Le ponemos desde reguetón hasta a Beethoven», dice uno de los chicos.
El boniato pertenece a uno de los 10 esquejes que sembraron en los invernaderos cedidos por el Ayuntamiento que hay frente a Agrimusa. La monitora que está a cargo del curso, Julia Castellano, explica que las expectativas no eran muy halagüeñas ya que un agricultor que visitó el lugar predijo que ni el terreno ni la temperatura del invernadero eran adecuados para esa variedad. Por ello, la sorpresa fue mayúscula al ver el tamaño del boniato. «Entre todos fuimos escarbando y nos dimos cuenta de que no era uno cualquiera; cuando lo sacamos parecía una calabaza», cuenta.
La expectación creada motiva mucho más a los ALUMNOS. Lo sujetan con orgullo a dos manos, con mucha mesura para que no se caiga. Alguno incluso se ha aprendido las recetas en las que tiene cabida el fruto. «Es típico de platos latinoamericanos, y lo acompañan de arroz cocido, patata, yuca y pescado hervido», asegura un alumno.
Además de la formación, los participantes realizan una labor benéfica pues el resultado de la cosecha se destina a Cáritas, pisos tutelados, comedores sociales, etc. Las flores van destinadas a los espacios ajardinados de la ciudad. «Aquí no se tira nada», concluye Julia.
El objetivo final es favorecer y potenciar su inserción laboral y social en el sector de la jardinería y así aumentar las posibilidades de integración. De hecho, cuando acabe el curso en diciembre, cuatro de ellos serán contratados y también se ha firmado un convenio de prácticas no remuneradas para el mantenimiento de las zonas verdes de la granja educativa ‘El Mansegal’.